Wednesday, November 02, 2005

LAS LIGAS AGRARIAS CRISTIANAS Y LA BARBARIE STRONISTA (3)

La muerte atroz de Silvano Flores, a manos de "Sapriza" y "Kururu Pire"
Del Diario ABC Color, Asunción, Paraguay

Silvano Flores fue degollado frente a sus hijos. La "hazaña" fue ejecutada por dos de las estrellas de Investigaciones: Camilo Almada Morel, alias "Sapriza" y Lucilo Benítez, alias "Kururu pire". Estuvieron acompañados de una decena de hombres de igual naturaleza. Fue en abril de 1976. El stronismo se propuso entonces acabar con las Ligas Agrarias Cristianas y con cualquier otro intento de promoción social que no estuviera bajo su mando. La viuda y los hijos de Flores, a igual que los otros expositores, contaron una parte de lo que Stroessner era capaz de hacer.

La comunidad de Santa Rosa y todas las demás donde activaban las Ligas Agrarias Cristianas conocieron sobradamente a Silvano Flores por su entrega a la organización. Se dedicaba a la plantación de arroz y de otros productos para la venta y el consumo familiar. Disponía de un tractor que la mayor de las veces estaba al servicio de sus compañeros. Demostraba que la solidaridad es tal solo cuando se la practica. Tenía el convencimiento de que las Ligas eran la mejor opción para que los agricultores encontrasen el bienestar material y espiritual dentro de las limitaciones que supone trabajar unas tierras pobres y reducidas. Pero en otra circunstancia, demostrada por una antigua experiencia, no había ninguna posibilidad de mejorar la suerte, de enderezar el futuro.Trabajar juntos, unir las tierras para hacerlas extensas, buscar mejores precios para la venta y para la compra de los productos, tener escuelas donde los hijos aprendan otros valores que los inculcados por la dictadura, levantar capillas para escuchar la palabra de Dios, reunirse en torno a un tereré y debatir acerca de las cuestiones que hacen a la comunidad, la región, el país, eran algunos de los tópicos que entusiasmaban a Silvano Flores y a otros dirigentes de las Ligas. Todo funcionaba sin contratiempos. Se podía esperar que el proyecto se realizara en otros más ambiciosos. Nadie esperaba enriquecerse con el trabajo agrícola. La ambición iba por otro camino. Deseaban amanecer sin las necesidades angustiosas que acompañan la pobreza: el hambre, la falta de medicamentos, de educación. Por distanciarse los unos de los otros, viven en el desafecto, se miran de reojo y hasta se cavan abismos. Las Ligas eran la mejor alternativa para la superación, la unidad, la fuerza creadora.

El proyecto comenzó a resquebrajarse cuando aparecieron la codicia de manos de los almaceneros, de los acopiadores, y la obsecuencia de los políticos que sabían qué cuerda templar para agradar los oídos del dictador. Primero, fue el rumor de que los miembros de las Ligas Agrarias querían acabar con los almacenes de los "particulares", que el trabajo comunitario era, como su nombre creían indicar, de comunistas. Y los comunistas son enemigos de la libertad y de la paz, encarnadas en el general Alfredo Stroessner. Luego el rumor se hizo carne y aparecieron las denuncias y, con ellas, la intervención policial. Todavía sin las dimensiones que tendrían poco después.

Los miembros de las Ligas seguían, no obstante, trabajando tranquilos, seguros de que no violaban la ley. Es más, seguros de estar cumpliendo con la voluntad de Dios, tal como lo encontraban en sus lecturas semanales de la Biblia Latinoamericana, editada como resultado del Concilio Vaticano II y de Medellín, que fortalecieron el cristianismo a partir de la idea de que la pobreza no es una virtud para entrar en el cielo, sino una desgracia que debe ser remediada aquí en la tierra con el trabajo y la hermandad.

EL ASESINATO DE SILVANO FLORES FRENTE A SUS HIJOS

Cuando Stroessner ordenó la represión final contra los miembros de las Ligas Agrarias Cristianas, en abril de 1976, Silvano Flores fue advertido para que se escapara. Respondió que no tenía por qué hacerlo, pues no era un ladrón ni menos un asesino. Con esta lógica de hombre bueno, de hombre honrado, quedó en la casa para no abandonar, además, a su esposa y sus hijos.

Tal como se le había anunciado, en la madrugada fue rodeada la vivienda por policías y milicianos colorados. Luego de los golpes en la puerta y la amenaza de echarla, salió la esposa. Le preguntaron por Silvano. La respuesta fue que, si no traían una orden judicial, no les permitiría entrar. Los agricultores sabían lo de la orden judicial porque habían leído y estudiado en la Constitución. Luego les pidió que, si en realidad eran policías -se vestían de civil-, esperaran el amanecer para que su marido les acompañara. En rigor, la señora buscaba afanosamente ganar tiempo para que su marido se escapara, según pudo hacerle entrar en razón cuando arreciaban los golpes en la puerta. Silvano, antes de salir, envolvió el dinero, producto de la venta de arroz realizada esa tarde, en la campera de su hija de dos años, encargándole que lo cuidara, seguro de que venían también para el saqueo. Hecho esto, salió por detrás de la casa, pero no fue mucho lo que anduvo. Al salir, fue seguido por sus tres hijos menores. La mayor tenía 14 años. Los asesinos le alcanzaron en un espeso yuyal donde le tumbaron a golpes. Ya caído, le degollaron en presencia de sus hijos. Luego robaron el dinero envuelto en la campera. Al parecer, este fue el motivo principal de la intervención, según testimonio de la viuda que vio entre los criminales a quien sabía de la venta y del monto del dinero. "Las fuerzas del orden" culminaron su tarea esa madrugada con la violación de la menor de 14 años, conforme al relato de la misma víctima en la audiencia pública.

Como era de esperar, la dictadura acomodó la versión del asesinato. En un "memorándum" de Investigaciones, que forma parte del "Archivo del Horror", publicado en el libro "Es mi informe", de Alfredo Boccia Paz, Myrian Angélica González y Rosa Palau, se lee lo siguiente: "Asimismo, para ver el grado de adoctrinamiento y fanatismo al que habían llegado luego de la concientización efectuada a los mismos, se cita el caso de SILVANO FLORES, uno de los principales jefes de Columnas, quien se degolló en presencia de sus hijos al verse rodeado y sin posibilidades de huir de la acción policial".

Lo de jefe de columna está referido a la Organización Político Militar (OPM), al que pertenecieron algunos líderes de las Ligas Agrarias Cristianas. Se suele decir que por culpa de quienes lideraban la OPM, al ganarse a los agricultores, se había reprimido también a las Ligas Agrarias. No fue así. La represión contra las Ligas ya venía desde la década pasada. Lo de la OPM fue el pretexto de la dictadura. En momentos en que cayeron en manos de Pastor Coronel los archivos completos de la OPM, la Policía estaba enterada con exactitud de quiénes dirigían la Organización Político Militar y de sus adherentes. La represión, enteramente indiscriminada, apuntaba a desalentar cualquier intento de seguir con vida las Ligas Agrarias Cristianas, las que murieron junto con sus líderes, como el legendario Silvano Flores, a quien su viuda le lloró de pie, trabajando, como el personaje de una tragedia.

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Alcibiades González Delvalle